Informe de lectura

¿LO RECOMENDARÍAS?

Porque aborda de forma original y sin maniqueísmos la eterna lucha del bien y el mal, sustituyendo los blancos y los negros por una amplia paleta de grises que representa bien la realidad de las sociedades contemporáneas. Pero esta objetividad no implica equidistancia; todo lo contrario: el narrador se “moja” por la libertad, la igualdad, la educación y, en definitiva, el progreso. Ahora que se cumplen 85 años de la Guerra Civil, es oportuno recordar cómo un régimen legítimo fue minado por una oligarquía retrógrada que anteponía al bien común la defensa de sus privilegios. Es, salvando todas las distancias, la misma disputa que se ventila en La agonía de la diosa

SOBRE LA OBRA, TEMA

La emperatriz Defia quiere garantizar la libertad e igualdad de sus súbditos, pero esos propósitos chocan con los privilegios de las casas dinásticas, que se conjuran contra ella.

SINOPSIS

Aunque el Trono de la Humanidad pasa desde hace siglos de madres a hijas, el poder efectivo recae en las grandes familias, que son las que controlan la economía. La joven emperatriz Defia intentará cambiar esas caducas estructuras para construir un mundo mejor. Se enfrentará por ello a los jefes de las casas dinásticas, dispuestos a todo con tal de mantener sus privilegios, y recibirá en cambio el apoyo de los restauracionistas, que quieren recuperar la religión original.

ARGUMENTO

Belsia está a punto de ceder el Trono de la Humanidad a su hija Defia. El imperio, sumido desde hace años en la inestabilidad, tiene que hacer frente ahora a las fuerzas restauracionistas, que cuentan con un gran apoyo entre la población y que tienen en el astuto Suil Hedo a uno de sus líderes. Defia, encarnación de la Diosa en el mundo, propone instaurar un nuevo orden que acabe con el régimen de castas y garantice la libertad, igualdad y prosperidad de sus súbditos, pero tiene en contra a las grandes familias, que defienden sus privilegios a capa y espada, y también a Naxo, su marido, que no acepta el rol de consorte que le corresponde.

La tensión se palpa. Los dígitos (jefes de las casas dinásticas) ponen a las masas en contra de la nueva emperatriz y postulan que debe ser un hombre quien reine, lo que los convierte en aliados circunstanciales del tosco Naxo. Son los que controlan la economía y, con ello, el destino del planeta y no tolerarán que Defia cambie el statu quo. Mientras, en el complejo monástico de Brige se suceden misteriosas muertes. Los monjes son partidarios del pueblo y de los restauracionistas, en tanto que la cúpula sacerdotal es fiel aliada de la oligarquía y, como ella, intenta manipular a las masas, para lo que no ha dudado en cambiar los preceptos de la vieja religión.

Paso a paso, Defia promulga decretos que alteran las estructuras del imperio, pero al mismo tiempo los dígitos retienen las cosechas para que suban los precios y el hambre provoque revueltas. La gente común que, inflamada por los discursos torticeros de los poderosos, protesta frente al palacio es reprimida violentamente, lo que produce el enojo de la emperatriz, que recibe a Suil y lo incorpora a su causa.

Otro personaje clave es la turbia sacerdotisa Cueta, que quiere hacer pagar con la vida a quien se aleje de sus dogmas. Con ella se reúne Naxo, que pretende a toda costa que su esposa, a la que viola habitualmente, le dé una hija. Cueta ha infiltrado en Brige al sádico Shadu, brazo ejecutor de los horribles crímenes que se suceden en el monasterio. Su siguiente víctima será Datia, hermana pequeña y mano derecha de Defia, que ha llegado a Brige acompañada por Suil. Consiguen salvarla en el último momento.

Pero también entre las grandes casas surgen disensiones. Uno de los dígitos, Sumfold Sembra, se pone de parte de la emperatriz, a la que informa pormenorizadamente de las conspiraciones que los otros oligarcas traman contra ella. Defia confiesa entonces su mayor secreto: es en realidad un hombre y asume que el suyo será el último reinado, ya que, como rezan los textos proféticos, la Diosa morirá “para dejar su legítimo lugar a la deidad verdadera”. Es entonces cuando Naxo decreta el toque de queda.

LUGAR, ÉPOCA Y AMBIENTACIÓN

Nos hallamos ante escenarios ficticios pero plenamente verosímiles. Para ello, se hace una topografía precisa que incluye nombres propios (la Ciudad Prohibida, la plaza de la Lana, el Gran Palacio, los monasterios de Brige y Wardum, la mansión Sembra, la ciudad de Dhajaba, el convento de Nestia…) y que aporta realismo a la historia:

Allí arriba, podía ver el trazado de la Ciudad Prohibida. El templo principal, con la Cámara del Corazón de la Diosa y las capillas y templos dedicados a cada deidad menor; el palacio del emperador, los palacetes imperiales; el palacio del imperio donde estaban los despachos gubernamentales; estancias de sirvientes; canales, puentes, jardines, torres de distintas alturas…, sí que merecía el nombre. (Página 14)

A miles de kilómetros, el complejo monástico de Brige colgaba de un acantilado de trescientos metros de altura. La vista desde las ventanas quitaba el aliento. Se divisaban decenas de cumbres cubiertas de nieves perpetuas que formaban la sierra de Ansal en el hemisferio sur. Allí el frío era más intenso que en cualquier otro punto geográfico, de modo que los monjes eran los únicos humanos que poblaban la región. (Página 135)

La acción transcurre en una época futura (en la página 177 se informa que es el siglo XXX) en la que son habituales drones, nanorobots, escáneres, intercomunicadores, ectoplasmas, pantallas gigantes y cristales de almacenamiento de datos. Sin embargo, esas modernas tecnologías conviven con linajes ancestrales (Gravia, Ío, Krono, Extens, Sembra) y ambientes y ceremoniales que recuerdan épocas pretéritas (el Antiguo Egipto, la Roma imperial, el Medievo). Es una mezcla ciertamente sugerente.

—Zarío Culpio, costurero arcano de la túnica externa de coronación, sean benditas tus manos y sea alabada tu creación. Que la diosa te llene de vida, honra y riqueza en la gran medida de su gozo. Sal ahora conmigo para entregarte a la custodia de la guardia. Permanecerás aislado en el templo de Ketme, diosa de las pestilencias y los azotes a la humanidad, hasta que haya terminado la ceremonia de coronación. (Página 39)

La ambientación es una de las claves de la novela, ya que es la encargada de hacer creíble el espacio físico levantado por el autor. No puede extrañar, por ello, que se cuiden al máximo los detalles y se describan con exactitud tanto los espacios íntimos como los exteriores. Nada escapa al ojo atento del narrador, ni los lugares (topografía), ni las personas (prosopografía), ni las costumbres (etopeya), ni los objetos (pragmatografía).

El ruedo de la túnica tenía bordadas más de diez mil perlas que se alternaban con diamantes y zafiros excepcionales para formar un dibujo en el que las olas se movían con cada paso de la que iba a ser coronada emperatriz. Nunca se había visto algo semejante. El oriente de las perlas reflejaba tenuemente la luz sobre las piedras preciosas produciendo una ilusión de volumen cambiante, espuma, reflejos de cielos despejados y tormentas salvajes sobre un mar eterno. Formaban una inmensa masa de agua que no deja de cambiar su aspecto sin alterar su esencia. (Página 33)

Especialmente atrayentes son las ceremonias rituales, exóticas y rodeadas de misterio. Impacta la de la transmisión de la corona de Belsia, trazada con el esmero habitual:

A continuación, desenvainó la hoja y, con un cuidado exquisito, rozó el pecho de la emperatriz con el filo. Una única gota de sangre manó hasta la superficie buscando la 4 tela del vestido, donde se empapó sin perder el brillo original. Belsia no sintió la laceración. Seguidamente, los ritualistas realizaron profundos cortes en los brazos desnudos de la emperatriz. Constataron que la piel se abría solo para cerrarse inmediatamente, sin signo alguno de sangrado, y que, con cada corte, la mancha de sangre en el tejido que cubría el pecho adquiría un color más intenso, pero no se extendía hacia el abdomen. Una luz empezó a generarse en el plexo solar de la emperatriz, y los ojos de Belsia volvieron a mostrar los iris. (Página 58)

Pero también se describen las batallas; y los lugares recónditos, plagados de pasadizos secretos, que ponen el corazón del lector en un puño; y la forma de vestir; e incluso las viandas de la época. Es un universo fictivo congruente, a la vez lejano y cercano.

El plato principal era un carnero asado. La mezcla de vinos y especias le daban un sabor suave y complejo y el cocinero había conseguido que la carne quedara tan tierna y jugosa que apenas era necesario masticarla. El carnero había sido criado en el monasterio y las verduras de guarnición habían sido seleccionadas una a una (…). (Página 393)

¿HAY UNA HISTORIA DE AMOR? ¿QUÉ PESO TIENE?

En sentido estricto, no cabe hablar de “amor”, ya que todo es mecánico y frío y los sentimientos libres son sustituidos por matrimonios concertados. De hecho, Defia no ama ni desea a Naxo. Ni a ningún hombre. La prostitución, ejercida por la familia de Shab, goza de cierta pujanza, pero también aparecen personajes castos como Palbo. Quizá solo el vínculo de los ya maduros Damaxa y Esilo destila cariño.

—Tu visita ha sido totalmente inesperada, hace solo dos meses que viniste la última vez. ¿Qué te trae a nuestro lado? —Damaxa bebió un sorbo de su bebida preferida (…). Esilo la miraba con auténtico amor y la ligereza de su cuerpo denotaba la alegría que le producía el encuentro. (Página 320)

¿HAY SEXO? ¿QUÉ PESO TIENE?

Aunque tiene presencia en la trama, el sexo no juega un papel relevante. Asociado con frecuencia a lo brutal, es dibujado con escrupulosidad. Los pensamientos de Naxo, excitado ante la primera noche nupcial con Defia, lucen esa seña de identidad:

Sentía cómo su pene se volvía a llenar de sangre, engordando y creciendo hasta alcanzar su máximo tamaño. Deseó que el tiempo pasara rápido para poder penetrar salvajemente a la emperatriz (…). Le haría sentir su sexo llenándola y llevándola a un éxtasis inefable desde la primera embestida. La haría saber quién estaba realmente encima y ella se sometería para siempre incapaz de resistirse a la magia del placer. (73)

Y es Naxo, un botarate sin escrúpulos, quien protagoniza también las restantes escenas de sexo. La primera, junto a dos hetairas, se caracteriza nuevamente por su explicitud:

Resna se puso de espaldas frente a él y se fue acercando lentamente hasta alojar el glande de Naxo entre sus nalgas. Simultáneamente, Naxo sintió la presión creciente del esfínter de Resna acariciar su sexo y un dedo húmedo de lubricante de Renia que se dirigía directamente a su propio ano y exploraba la zona, haciendo presión en círculos. Naxo sintió que se abría y deseó más. Notó cómo su sexo, duro como el acero, se deslizaba suavemente abriéndose camino a través del cuerpo de Resna. La urgencia por eyacular cedió un poco ante la nueva sensación. (Página 155)

Ya se ha hablado del matiz brutal, incluso bestial, que acompaña el tratamiento del sexo. La tercera escena, desgarradora y cruda como las anteriores, dibuja con acierto el clima de violencia generado por Naxo al intentar violar a su esposa:

—Follarte es como metérsela a un patán insignificante. Un día de estos me voy a tirar a un soldadito para ver si hay mucha diferencia entre tú y un hombre de verdad. Vendré a visitarte más a menudo hasta que me des la hija que espero. Quiero que me esperes bien dispuesta y convenientemente húmeda como es tu obligación. (Página 202).

Por último, se mencionan de pasada otras dos relaciones, las de la viuda Mevla y Shab y la abadesa Damaxa y Esilo, presentadas de una forma más “amable”:

Algunos de los hombres que iban en peregrinación al magnífico monasterio servían también para satisfacer las necesidades físicas de las sacerdotisas y la abadesa, pero Esilo era especial. Siempre se había entregado a ella humildemente, lleno de sensualidad y ternura, anticipando cada uno de sus deseos y necesidades según iban despertando en su cuerpo. Por supuesto que, cuando aún era joven, era fogoso y apasionado. (Pág. 319)

VALORACIÓN GLOBAL ¿QUÉ TIENE ESTE LIBRO QUE NO TENGAN OTROS?

El sintagma “autonomía de la ficción” adquiere todo el sentido en una obra como esta. El autor levanta un mundo propio cuyas únicas fronteras son las de la verosimilitud literaria. Y ese examen La agonía de la diosa lo pasa con nota alta. Al público le queda aceptar la propuesta, abrir el libro y… disfrutar.

Durante los últimos reinados, los emperadores sucesivos no habían puesto gran interés en sofocar por completo la rebelión, habían asumido que el coste de las ofensivas, tanto en términos económicos como en vidas humanas, era excesivo y, además, la existencia de los enfrentamientos armados daba pingües beneficios (…). (Página 15)

Ese territorio fictivo está habitado por un amplio y variado elenco de personajes y se divide en diferentes localizaciones en las que tienen lugar combates, intrigas palaciegas, relaciones amorosas, asesinatos… Es una gran aventura que no da tregua:

Como un solo hombre, las unidades de Unán asignadas al este se habían posicionado en distintos puntos del claustro bajo y abrían fuego de cobertura contra los guardias que empezaban a asegurar posiciones. Balas y esquirlas de piedra de los sillares de los muros volaban por todas partes. Pronto pareció un caos absoluto compuesto por cuerpos heridos y cadáveres ensangrentados. (Página 32)

Es muy atractiva la forma de contar, con un narrador omnisciente en tercera persona que, como en la gran novela realista, presenta por separado los diferentes hilos para anudarlos conforme progresa la trama. Se obtiene así orden, pero también una gran vivacidad que se percibe ya en las primeras páginas, cuando alternan las historias de Bielsa, Naxo, la familia Eru y los restauracionistas:

Con el ascenso al trono de su yerno, la belicosidad estaba asegurada ya que era el turno de la casa Extens. El temor de Belsia era que el recrudecimiento de las ofensivas contra los insurgentes y los daños a la población civil se verían multiplicados. (Página 15) Situado en una casucha de las afueras, el ambiente del centro de mando de los restauracionistas para la operación en curso era denso. Siempre se sentía aprensión antes de un combate. (Página 17)

Se apoya este narrador en una prosa elegante y de aroma clásico que es la que pide el argumento. Se garantiza así un perfecto encaje de fondo y forma que alcanza incluso a los nombres propios (tiene retranca el de “Rocco Varla”). El registro se adapta siempre a la situación comunicativa (“¡Por los cojones de Omfal! ¿No habéis podido?”) y a la idiosincrasia de los personajes. Estas cualidades se aprecian sobre todo en los diálogos:

—Danos, oh, diosa, la última prueba de tu presencia. Castiga a tus enemigos, bendice a los que te son fieles. Colmas ya con tu presencia el corazón de la emperatriz, que tu amor y tu luz desborden ahora hacia nosotros. (Página 60).

Impresiona la construcción de personajes. Los principales, con la noble y poliédrica Defia a la cabeza, son, por lo general, seres de fuerte personalidad enfrentados a un momento histórico, pero también a sus propias contradicciones. Son igualmente notables el zafio Naxo y secundarios como el taimado Resio, la turbia Cueta, el psicópata Shadu o el discreto Suil Hedo, de quien se traza un soberbio perfil:

Había nacido en el burdel de mala muerte más grande de la capital. No solo ignoraba quién pudo haber sido su padre, ni siquiera llegó a saber nunca quién era su madre porque había tantos pequeños bastardos que las muchachas se turnaban para amamantarlos (…). Si se habían dado varios nacimientos alrededor de las mismas fechas, (…) las madres perdían control de cuál de los bebés era el suyo (…). (Página 161)

La tensión sube muchos enteros cuando la acción se traslada al monasterio de Brige, que puede recordar al de El nombre de la rosa y en el que el sádico Shadu perpetra horribles asesinatos. La novela adquiere entonces hechuras de thriller:

A partir de ese momento, el interrogatorio se tuvo que volver mucho más duro. Cuando terminó con Berog, solo quedaba un montón de carne sanguinolenta que respiraba con dificultad. Extrajo un ácido selectivo de un bolsillo interior. Se calzó unos guantes y vertió unas gotas sobre el cuerpo agonizante. El ácido se nutría de células vivas. (Página 235) Suil y Datia se desearon una buena noche de descanso cuando llegaron a sus respectivas celdas que estaban una frente a otra y se acostaron sonrientes. Por la mañana, Suil, con el cuerpo aún necesitado de descanso, (…) fue a despertar a Datia. La hija imperial había desaparecido. (Página 398)

Se plantean interesantes reflexiones sobre asuntos clave. Por ejemplo: ¿es el hombre bueno por naturaleza o por miedo al castigo?, ¿es más eficaz un gobierno de oligarcas expertos o una democracia?, ¿tiene la religión algún papel fuera de controlar las mentes de los fieles?, ¿cómo debe ser la educación en una sociedad que defiende la igualdad de oportunidades?, ¿sexo como procreación o como ejercicio libre que parte de no imponer a otro actos que no desea? Sobre algunos de ellos dialogan Datia y Suil:

Hay suficiente riqueza en el mundo para eliminar la pobreza de todos y cada uno, lo que falta es justicia. El egoísmo brutal y la codicia ilimitada quieren proteger las desigualdades en el acceso a la abundancia argumentando que el concepto de justicia que acabo de enunciar es un reparto de la pobreza. Odian la idea de la redistribución porque su gozo de la riqueza se basa en la comparación de sus lujos con la miseria que dejan a su paso por la vida. (Página 261)

La imaginación desbordante del texto se palpa también en una sugestiva propuesta de teogonía que tiene mucho en común con la cristiana:

Según lo que he encontrado, el dios muerto estaba casado con su hermana. Fue ella la que lo trajo de vuelta a la vida con un ritual mágico. Posteriormente, otro de sus hechizos la hace concebir al hijo de ambos, aunque ella es virgen. El hijo es el encargado de luchar contra el mal, cuya encarnación es su propio tío. Según los sacerdotes de la época, es una tríada que forma un ser único. En una mitología posterior, la tríada también existe con el mismo concepto de tres personas divinas que son un único ser verdadero. (P. 360)

¿LO REGALARÍAS A ALGUIEN DE TU ENTORNO?

Por supuesto. Es un libro entretenidísimo, que invita a “instalarse” en él mientras dura la lectura y que, además, aborda conflictos que son los de nuestro presente y en torno a 8 los cuales pueden generarse animados debates. Sus “efectos”, por tanto, perdurarán más allá del punto final. Por todo ello, se puede regalar a familiares y amigos cercanos con la certeza de que, sean cuales sean sus gustos y edades, se acertará.

¿LO RECOMENDARÍAS? ¿POR QUÉ? Porque aborda de forma original y sin maniqueísmos la eterna lucha del bien y el mal, sustituyendo los blancos y los negros por una amplia paleta de grises que representa bien la realidad de las sociedades contemporáneas. Pero esta objetividad no implica equidistancia; todo lo contrario: el narrador se “moja” por la libertad, la igualdad, la educación y, en definitiva, el progreso. Ahora que se cumplen 85 años de la Guerra Civil, es oportuno recordar cómo un régimen legítimo fue minado por una oligarquía retrógrada que anteponía al bien común la defensa de sus privilegios. Es, salvando todas las distancias, la misma disputa que se ventila en La agonía de la diosa.

—Durante generaciones, las emperatrices fueron cediendo poder con el fin de asegurar la expansión del imperio. La teología fue adaptada progresivamente por la casta sacerdotal para consolidar el sistema creado por las casas. Ingenuamente, nuestras predecesoras creyeron que su condición de elegidas para ser vehículo de la divinidad nos daría la posibilidad de retomar el control total y volver al orden natural cuando el tiempo llegara. Desgraciadamente, se equivocaban. La sociedad y la economía han evolucionado moldeadas por las casas al acomodo de su codicia y de su ambición. La vuelta al imperio de la ley y de la justicia ha de ser progresiva y requiere de mucho más que la voluntad del trono. También necesitará de años de preparación para revertir el daño sin causar un mal aún mayor y sumir al imperio en el caos. (Página 190)

Muchas de las cuestiones que se plantean tienen relación con el presente. La crítica del patriarcado, los atavismos, las desigualdades sociales o el autoritarismo son algunas de ellas, pero también se mencionan otras más “prosaicas” como los efectos de las drogas y los esteroides en el organismo.

Una parte de Esla se sentía vejada por tener que esconderse tras una celosía. Era dolorosamente consciente de que no la protegía del mundo, sino que protegía al mundo de la indecencia que suponían ella y su familia para los demás. La plaza estaba llena de hombres libres. Intocables como prostitutas, artistas y trabajadores no cualificados debían mantenerse aislados de las castas superiores. (Página 69)

Ese enlace con la actualidad suele acompañarse de ironía y acidez. Se presenta al poder legítimo sometido a una camarilla que mueve los hilos entre bambalinas para defender sus intereses. En este sentido, las reuniones de los jefes de las grandes casas pueden recordar a las de los clanes mafiosos de El Padrino. Esta intervención de Imburg, de la casa Ío, sobre la educación ¿concertada? es muy clarificadora:

Paralelamente a las acciones que decidamos aquí, yo voy a crear centros de enseñanza no imperiales. Por supuesto, exigiré que el imperio aporte la cantidad que hubiera gastado en un centro imperial y la condición para entrar será un pago adicional por estudiante. Sea como sea, buscaré que la educación sea mejor o, por lo menos, lo 9 parezca. En cualquier caso, los que entren en esas escuelas serán de los nuestros y la pequeña nobleza. Puede que también algún hijo de hombre libre acaudalado. Así podré mantener la distancia con la escoria. Después, los estudiantes que terminen tendrán el camino facilitado como de costumbre y habrán creado alianzas entre ellos que les permitirán mantener el emprendimiento y la generación de riqueza en sus manos. Si el decreto (…) sale adelante, no voy a permitir que la chusma se crea igual a nosotros solo porque han estudiado. Dónde estudien será la nueva marca distintiva. (Página 129)

Por todo ello, podría decirse que La agonía de la diosa es una obra política en el sentido de que analiza sin equidistancias una estructura social polarizada. Es entonces cuando la literatura entra en juego a favor de la libertad y la igualdad. Es magistral, por ejemplo, cómo desnuda la estrategia de manipulación de las masas:

Kuarak había diseñado su soflama con el fin de enfervorizar a las masas y fijar su mensaje torticero en los corazones. Con gesto de incredulidad, vio cómo era interpretado literalmente y las gentes empezaban a desplazarse como un solo hombre hacia las murallas de la Ciudad Prohibida. De repente, se le encogió el ánimo, recuperando su tamaño original de gorgojo sobrealimentado. Intentó contener la turbamulta con gestos nerviosos. Su voz había perdido el brillo al darse cuenta de lo que estaba pasando e intentó retener la furia desatada de su público. Gritó desgañitado que aún faltaban prohombres por hablar. Pero sus llamados al orden eran ahogados por las consignas (…). Además, alguien había cortado el sistema de difusión de voz para que nadie detuviera la inundación de emociones que subía por los pechos de los hombres libres hasta desbordar convertidas en lágrimas visionarias. (Página 166)

Es un texto que aúna la imaginación y el exotismo que suelen caracterizar a la ciencia ficción y la crítica social de la narrativa realista. Es, por tanto, difícil de etiquetar, aunque tiene las dos virtudes básicas que Horacio exigía a la buena literatura: entretener e instruir. Por las concomitancias con el presente que pueden extraerse de sus páginas, La agonía de la diosa animará debates, aunque el mayor elogio que cabe hacerle a su autor es, ya se ha dicho, la maestría con que levanta un universo autónomo y coherente que atrapa al lector y le hace pensar. Por cierto, ¿no habrá algún productor avispado que vea aquí un potentísimo guion para una película o serie de televisión? Ojalá sea así. De momento, solo cabe desear que la segunda parte se publique cuanto antes.